Dicen que Maquiavelo escribió, su famoso libro de “El Príncipe”, un príncipe ilustrado, sobre un gobernante, pensando en Lorenzo de Medici. Otros dicen en Fernando de Aragón, pero que si, hubiera vivido en esta época, en América Latina lo habría hecho sobre Fernando Henrique Cardoso. Príncipe, pero republicano, por cierto. Pero príncipe en fin. Se entendemos por Príncipe la figura superior, la figura de excelencia, la figura que reúne la forma y el fondo. Que en el caso, se congregan con un estadista, que marcó una etapa en la vida de Brasil, que lo sacó de la paranoia de la inflación. Que lo sacó de la inestabilidad para comenzar un largo período magnifico de estabilidad, que se inicio con su ministerio de economía, su ministerio de relaciones exteriores, sus dos presidencias y luego lo que ha continuado. Nada de lo que ha pasado de bueno en Brasil en estos años, no se puede entender sin esa figura del gran profesor, del gran intelectual, del gran político, que prestigió a la política con su altura, con su conocimiento y además con esas notables realizaciones que han singularizado al Brasil moderno.